Hace ya un año, el 14 de junio de
2013, en esta ciudad argentina llamada Rosario, tuve la oportunidad de asistir
como cronista televisivo al concierto brindado por Barón Rojo, en la que fue la primera y única visita de la
legendaria banda española a esta húmeda metrópoli santafesina, concretada en el
boliche Willie Dixon. Esa noche, invadido por la emoción de ver nuevamente a
una de las bandas más importantes de la historia del heavy metal a nivel
mundial, volví a vivir la esencia más genuina y pura del heavy metal. Atrapado
en el fragor irresistible de la música, perdiéndome entre los puños en alto, la
adrenalina inconmensurable, los alaridos de libertad, coreando emocionado los
himnos que ya son parte de mi vida. Sí, a esa altura ya no era un cronista, solamente
era otro metálico enardecido y feliz de vivir ese momento, junto a pares de
distintas generaciones. Así debía ser, así fue. Esa noche viví el heavy metal.
Inolvidable.
Exactamente un año después, y sin
ponerme a reparar en ello, me dirigía a otro concierto. En el marco de un
festival benéfico realizado en el local Chopper’s II, la agrupación griega de
heavy metal tradicional Metalmorfosis
desembarcaba en Rosario. Compartiendo la grilla con varias bandas de diversos
estilos (entre las cuales destaco a los impresionantes thrashers Shot-Gun), los helénicos se despacharon
con uno de los mejores shows de heavy metal tradicional que vi en mi vida. En
realidad, Nick Banger (fundador, compositor, vocalista/guitarrista y líder de
la banda) fue el único integrante de origen griego que pisó el escenario esa
noche; los demás eran todos músicos santafesinos que lo acompañaron por esta
mini-gira argentina, pero esto solamente es un detalle: no hay dudas de que
vimos un show de Metalmorfosis. ¡Y
qué pedazo de show que fue, la puta madre! Tanto yo como algunos hermanos
headbangers tuvimos la misma sensación al unísono: estábamos viajando 30 años
hacia atrás, hacia los albores de los años ‘80s. Era como si de pronto
estuviéramos en un concierto de Angel
Witch, Vulcain, Holocaust, Iron Maiden, Jag Panzer,
Diamond Head, Tokyo Blade, Witch Cross,
etc. En fin, heavy metal tradicional, genuino, real, fresco, una descarga
eléctrica estallando directamente ante nosotros, un escenario en llamas donde
al ver a través del humo a Nick Banger y al bajista Eddie Destroyer, tocando
con soltura y con un aspecto que con naturalidad acompañaba a la música, el
viaje en el tiempo era instantáneo! Pero hablando de la música, allí es donde Metalmorfosis levanta bien alto la
bandera, con composiciones que van desde el heavy metal más melódico hasta el
speed metal, filosas canciones tocadas con sentimiento, fuerza y convicción,
sin cosas raras ni moderneadas
forzadas, brillando piezas como “Spectre”, “Angel on the Run”, “Haunted House”,
“Time to Die”, “Over the Waves”, “Guerrera of Metal” (cover de Guerrera), etc. Totalmente entregados
al headbanging y a la ingesta compulsiva de cerveza, estábamos convencidos de
estar presenciando un show histórico. Uno de esos shows que te alejan del
mundo, donde no te importa nada de lo que esté a tu alrededor, donde la
adrenalina fluye y la magia viaja. No me pidan que haga un análisis de algo tan
difícil de describir, solamente puedo decir que otra vez un día 14 de junio
volví a vivir el heavy metal, atravesando todo mi ser. Junto al citado show de Barón Rojo, la primera visita de Paul Di’Anno en 2004 y el concierto que
diera Xenotaph hace un par de años,
esta actuación de Metalmorfosis se
ha convertido en uno de los mejores actos de heavy metal tradicional a los que
asistí en Rosario. Y siempre lo recordaré de esta manera.




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