jueves, 19 de junio de 2014

V8: cuando las remeras hablan



Hace ya unos cuantos años que vengo escuchando un término que me hizo ruido desde un primer momento: “metal argento”. Primero lo tomé como una especie de sinónimo de “heavy metal argentino”, “heavy metal nacional” o “heavy metal hecho en Argentina”, lo cual me pareció bien; después de todo, en cada parte del mundo donde hayan surgido escenas genuinas de heavy metal en los años ‘80s, se ha forjado cada una de ellas una identidad particular, constituyendo una escuela propia. Así, uno puede distinguir que no es lo mismo el heavy metal inglés que el heavy metal alemán o que el heavy metal canadiense, por ejemplo. Cada uno tiene su propia impronta, su propio sello, y la escena argentina no tenía por qué ser la excepción en todo esto.
Ahora bien, más ruido comenzó a hacerme el término “metal argento”, más extraño se empezó a tornar para mí, a medida que veía que era reivindicado por algunos heavys que solamente parecían concebir una única manera de hacer heavy metal en la Argentina y que así era como debía ser: de corte nacionalista, con cierta crudeza y tosquedad, con marcadas influencias de V8, Hermética, Malón, Almafuerte (acentuando la prédica y el tono de Ricardo Iorio), algo del primer Horcas, quizá en menor medida Nepal, etc. Eso sí, la mayoría de las bandas que practicaban este “metal argento” parecían no captar jamás, salvo contadas excepciones, ni la esencia ni el ímpetu metálico de las agrupaciones nombradas, como si el fuego se diluyera tratando de exponer un mensaje que nunca estaba del todo claro tampoco. Y los seguidores de estas bandas, que también hacían bandera del “metal argento”, parecían no notarlo en ningún momento; todo lo contrario, cada vez circulaban con más frecuencia expresiones como “hacer el aguante” y demás, sin importar qué tenía para ofrecer artísticamente la banda de turno.


Para esta gente, lo que quedaba fuera de ese “metal argento” era simplemente lo “careta” o “los que copian a las bandas de afuera” (esto lo escuché varias veces, demasiadas). Entonces yo me preguntaba, a medida que iba conociendo más exponentes de nuestra rica escena de heavy metal de antaño “¿en dónde encajarían bandas como Bloke o Kamikaze, que en nada se parecen a las bandas de metal argento y aun así fueron genuinas bandas argentinas de heavy metal?” Recuerdo cuando hace mucho me comentaron que había gente en la puerta de El Sótano (local rosarino donde se hacían recitales, recientemente cerrado) que en la previa de un show le bajaba el pulgar a una buena banda, con trayectoria, como es Trident, porque su sonido épico netamente metálico y sus distinguidas influencias (que van por el lado de  Manowar, Judas Priest y Dio) nada tenían que ver con el “metal argento”. En ese momento (hace ya 8 o 9 años, tal vez más) no entraba mi cabeza que eso sucediera, eso iba mucho más allá de los gustos personales. Y en esa época, yo ya sabía que la escena metálica argentina no había surgido de la nada, sabía que había recibido una influencia extranjera inicial al menos, como la mayoría de las escenas metálicas del mundo. No tenía manera de demostrar mis pensamientos, tampoco me importaba demasiado, pero sabía que las cosas eran diferentes a lo que andaba circulando. El término “metal argento” definitivamente me chocaba.


Mi confusión aumentó cuando empecé a escuchar y leer a “periodistas especializados” y demás personajes similares que hacían bandera del “metal argento”, sin ningún tipo de criterio, cuando se supone que (o al menos es lo que yo siempre creí), de una manera u otra, la prensa y los medios de difusión deberían cumplir un papel de guía en esto de propagar la música, más allá de cualquier tipo de limitación o escasez de conocimientos. E incluso, más o menos por la misma época, también comencé a notar cómo algunos sellos discográficos y productoras comenzaban a promocionar a sus bandas bajo la etiqueta de “metal argento”, lo que me llevó a sospechar del trasfondo comercial que ya tenía este término, ya era algo que vendía. A partir de entonces, el término “metal argento” comenzó a causarme repulsión. Me cuidé de no utilizarlo jamás, y buscaba cómo combatirlo. Al fin y al cabo, me apasionaba demasiado el heavy metal y me resultaba irritante que este tipo de simplificaciones generadoras de ignorancia se produjeran. No tolero que se bastardee al rock, no tolero que se bastardee al heavy metal, no tolero que se bastardee a lo que es real, genuino. La ignorancia puede combatirse con la búsqueda, y en esa búsqueda yo seguí. Y sigo hasta el día de hoy.
Ahora, con elementos simples y haciendo un poco de uso de mi capacidad de observación y deducción, puedo avanzar hasta el fondo de la cuestión, puedo ir hasta el hueso. Y lo comparto para que los que sepan ver, vean. Desde la primera vez que lo escuché, el término “metal argento” permanecía muy asociado a una de las bandas fundacionales del heavy metal en la Argentina: a V8, a su logo, a sus canciones. Así me lo hacían notar. Por lo tanto, sería lógico suponer entonces que el “metal argento” nació allí, prácticamente de la nada, como dejan entrever los que mantienen esa postura (sin ningún tipo de convicciones ni argumentos, por cierto). Sin embargo, yo en V8 no encontraba ningún elemento de lo “argento”. Al contrario, desde que tuve algo de noción y fui formando un criterio, V8 siempre me pareció una genuina banda argentina de heavy metal, que por composiciones, convicción, imagen, energía, letras, etc., no tenía nada que envidiarle a muchas bandas contemporáneas que surgieron en diferentes países del mundo a principios de los ‘80s. Además, al escuchar la música de V8, uno puede percibir sin demasiado esfuerzo algunas de sus principales influencias, como Motörhead y Black Sabbath, que incluso eran nombradas por los integrantes del grupo en algunas entrevistas. Por supuesto, se trataba de bandas extranjeras. La idea de “metal argento” como algo autosuficiente y cerrado hacia lo que proviene de afuera se derrumba ante este hecho.


Pero hay más. Y ustedes pueden verlo mirando bien las pocas fotografías que ilustran esta nota. Para mí, verlas fue una revelación en su momento, ya que en ellas se puede percibir una verdad irrefutable: los músicos de V8 (y algunos amigos que aparecen junto a ellos) usaban remeras de emblemáticas bandas extranjeras, de esas mismas bandas que tantas veces oí cómo eran rechazadas por parte de los acérrimos seguidores del “metal argento”, esas bandas que varios se niegan tajantemente a escuchar en defensa de “lo nacional”, desconociendo e incluso negando el hecho de que sin esas bandas el heavy metal no hubiese existido, al menos no tal como nosotros lo hemos conocido. Todo estuvo muy claro para mí cuando vi estas fotos. Ahí comprendí por qué muchas bandas que pregonaban el “metal argento” no poseían ese fuego, por qué su sonido estaba como mutilado o apagado, por qué sus seguidores parecían no notarlo. La explicación, por si a esta altura hiciera falta, parece ser simple: estos tipos defensores de lo “argento” no se identifican con la música, no aprecian el heavy metal, sino que siguen una idea distorsionada, bastardeada, manipulada inclusive con fines comerciales (esto último nadie me lo quitará de la cabeza hasta que alguien me demuestre lo contrario). Por lo menos, así lo veo yo.


Mi única pretensión para con este artículo es exponer lo que desde hace tiempo vengo pensando y de paso, si puedo, aunque sea mínimamente, quiero ponerle un palo a la rueda de la ignorancia que aun sigue girando con fuerza en el ambiente musical en general. Por si acaso con la música contenida en los discos del grupo y los testimonios de la época no alcanzara, las imágenes de V8 nos dicen cosas, nos revelan verdades que quizá permanecen ocultas para muchos que nunca se han detenido a observar lo suficiente. Lo pueden ver en las fotografías que ilustran este texto: las remeras de V8 hablan. Y nos dicen que estos muchachos en aquellos años escuchaban a Motörhead, Black Sabbath, Saxon, Judas Priest y Iron Maiden. Y si escuchan los primeros álbumes de estas legendarias bandas británicas (inglesas, para ser más específico) se darán cuenta que la música de V8 tiene varios elementos de estas agrupaciones, que la inspiración para generar un sonido, un estilo y una imagen propios provino de allí en buena medida. Recuérdenlo cada vez que alguien les quiera vender el paquete del “metal argento”.

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