Hace ya unos cuantos años que vengo escuchando un término que me hizo ruido desde un primer momento: “metal argento”. Primero lo tomé como una especie de sinónimo de “heavy metal argentino”, “heavy metal nacional” o “heavy metal hecho en Argentina”, lo cual me pareció bien; después de todo, en cada parte del mundo donde hayan surgido escenas genuinas de heavy metal en los años ‘80s, se ha forjado cada una de ellas una identidad particular, constituyendo una escuela propia. Así, uno puede distinguir que no es lo mismo el heavy metal inglés que el heavy metal alemán o que el heavy metal canadiense, por ejemplo. Cada uno tiene su propia impronta, su propio sello, y la escena argentina no tenía por qué ser la excepción en todo esto.
Ahora bien, más ruido comenzó a hacerme el
término “metal argento”, más extraño se empezó a tornar para mí, a medida que
veía que era reivindicado por algunos heavys que solamente parecían concebir
una única manera de hacer heavy metal en la Argentina y que así era como debía
ser: de corte nacionalista, con cierta crudeza y tosquedad, con marcadas
influencias de V8, Hermética, Malón, Almafuerte
(acentuando la prédica y el tono de Ricardo Iorio), algo del primer Horcas, quizá en menor medida Nepal, etc. Eso sí, la mayoría de las
bandas que practicaban este “metal argento” parecían no captar jamás, salvo
contadas excepciones, ni la esencia ni el ímpetu metálico de las agrupaciones nombradas,
como si el fuego se diluyera tratando de exponer un mensaje que nunca estaba
del todo claro tampoco. Y los seguidores de estas bandas, que también hacían
bandera del “metal argento”, parecían no notarlo en ningún momento; todo lo
contrario, cada vez circulaban con más frecuencia expresiones como “hacer el
aguante” y demás, sin importar qué tenía para ofrecer artísticamente la banda
de turno.
Para esta gente, lo que quedaba fuera de ese
“metal argento” era simplemente lo “careta” o “los que copian a las bandas de
afuera” (esto lo escuché varias veces, demasiadas). Entonces yo me preguntaba,
a medida que iba conociendo más exponentes de nuestra rica escena de heavy
metal de antaño “¿en dónde encajarían bandas como Bloke o Kamikaze, que en
nada se parecen a las bandas de metal
argento y aun así fueron genuinas bandas argentinas de heavy metal?” Recuerdo
cuando hace mucho me comentaron que había gente en la puerta de El Sótano
(local rosarino donde se hacían recitales, recientemente cerrado) que en la
previa de un show le bajaba el pulgar a una buena banda, con trayectoria, como
es Trident, porque su sonido épico
netamente metálico y sus distinguidas influencias (que van por el lado de Manowar,
Judas Priest y Dio) nada tenían que ver con el “metal argento”. En ese momento
(hace ya 8 o 9 años, tal vez más) no entraba mi cabeza que eso sucediera, eso
iba mucho más allá de los gustos personales. Y en esa época, yo ya sabía que la
escena metálica argentina no había surgido de la nada, sabía que había recibido
una influencia extranjera inicial al menos, como la mayoría de las escenas
metálicas del mundo. No tenía manera de demostrar mis pensamientos, tampoco me
importaba demasiado, pero sabía que las cosas eran diferentes a lo que andaba
circulando. El término “metal argento” definitivamente me chocaba.
Mi confusión aumentó cuando empecé a escuchar
y leer a “periodistas especializados” y demás personajes similares que hacían
bandera del “metal argento”, sin ningún tipo de criterio, cuando se supone que
(o al menos es lo que yo siempre creí), de una manera u otra, la prensa y los
medios de difusión deberían cumplir un papel de guía en esto de propagar la
música, más allá de cualquier tipo de limitación o escasez de conocimientos. E
incluso, más o menos por la misma época, también comencé a notar cómo algunos
sellos discográficos y productoras comenzaban a promocionar a sus bandas bajo
la etiqueta de “metal argento”, lo que me llevó a sospechar del trasfondo
comercial que ya tenía este término, ya era algo que vendía. A partir de
entonces, el término “metal argento” comenzó a causarme repulsión. Me cuidé de
no utilizarlo jamás, y buscaba cómo combatirlo. Al fin y al cabo, me apasionaba
demasiado el heavy metal y me resultaba irritante que este tipo de
simplificaciones generadoras de ignorancia se produjeran. No tolero que se
bastardee al rock, no tolero que se bastardee al heavy metal, no tolero que se
bastardee a lo que es real, genuino. La ignorancia puede combatirse con la
búsqueda, y en esa búsqueda yo seguí. Y sigo hasta el día de hoy.
Ahora, con elementos simples y haciendo un
poco de uso de mi capacidad de observación y deducción, puedo avanzar hasta el
fondo de la cuestión, puedo ir hasta el hueso. Y lo comparto para que los que
sepan ver, vean. Desde la primera vez que lo escuché, el término “metal
argento” permanecía muy asociado a una de las bandas fundacionales del heavy metal en la Argentina: a V8,
a su logo, a sus canciones. Así me lo hacían notar. Por lo tanto, sería lógico
suponer entonces que el “metal argento” nació allí, prácticamente de la nada,
como dejan entrever los que mantienen esa postura (sin ningún tipo de
convicciones ni argumentos, por cierto). Sin embargo, yo en V8 no encontraba ningún elemento de lo
“argento”. Al contrario, desde que tuve algo de noción y fui formando un
criterio, V8 siempre me pareció una
genuina banda argentina de heavy metal, que por composiciones, convicción,
imagen, energía, letras, etc., no tenía nada que envidiarle a muchas bandas
contemporáneas que surgieron en diferentes países del mundo a principios de los
‘80s. Además, al escuchar la música de V8, uno puede percibir sin demasiado
esfuerzo algunas de sus principales influencias, como Motörhead y Black Sabbath,
que incluso eran nombradas por los integrantes del grupo en algunas
entrevistas. Por supuesto, se trataba de bandas extranjeras. La idea de “metal
argento” como algo autosuficiente y cerrado hacia lo que proviene de afuera se
derrumba ante este hecho.
Pero hay más. Y ustedes pueden verlo mirando
bien las pocas fotografías que ilustran esta nota. Para mí, verlas fue una
revelación en su momento, ya que en ellas se puede percibir una verdad irrefutable:
los músicos de V8 (y algunos amigos que aparecen junto a ellos) usaban remeras de emblemáticas bandas extranjeras, de esas mismas bandas que
tantas veces oí cómo eran rechazadas por parte de los acérrimos seguidores del
“metal argento”, esas bandas que varios se niegan tajantemente a escuchar en
defensa de “lo nacional”, desconociendo e incluso negando el hecho de que sin
esas bandas el heavy metal no hubiese existido, al menos no tal como nosotros lo hemos
conocido. Todo estuvo muy claro para mí cuando vi estas fotos. Ahí comprendí
por qué muchas bandas que pregonaban el “metal argento” no poseían ese fuego,
por qué su sonido estaba como mutilado o apagado, por qué sus seguidores
parecían no notarlo. La explicación, por si a esta altura hiciera falta, parece
ser simple: estos tipos defensores de lo “argento” no se identifican con la
música, no aprecian el heavy metal, sino que siguen una idea distorsionada,
bastardeada, manipulada inclusive con fines comerciales (esto último nadie me
lo quitará de la cabeza hasta que alguien me demuestre lo contrario). Por lo
menos, así lo veo yo.
Mi única pretensión para con este artículo es exponer lo
que desde hace tiempo vengo pensando y de paso, si puedo, aunque sea mínimamente, quiero ponerle
un palo a la rueda de la ignorancia que aun sigue girando con fuerza en el
ambiente musical en general. Por si acaso con la música contenida en los discos
del grupo y los testimonios de la época no alcanzara, las imágenes de V8 nos dicen cosas, nos revelan
verdades que quizá permanecen ocultas para muchos que nunca se han detenido a observar lo suficiente. Lo pueden ver en las
fotografías que ilustran este texto: las remeras de V8 hablan. Y nos dicen que estos muchachos en aquellos años
escuchaban a Motörhead, Black Sabbath, Saxon, Judas Priest y Iron Maiden. Y
si escuchan los primeros álbumes de estas legendarias bandas británicas
(inglesas, para ser más específico) se darán cuenta que la música de V8 tiene varios elementos de estas
agrupaciones, que la inspiración para generar un sonido, un estilo y una imagen propios
provino de allí en buena medida. Recuérdenlo cada vez que alguien les quiera
vender el paquete del “metal argento”.





Grande pablo queridoooo!!!
ResponderEliminarSoy chapa jajaja saludos!!!
EliminarExcelente tu reflexion!
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